Consejos Para Iluminar La Casa

Algunos nos habéis preguntado cómo se puede rebajar la potencia contratada, para no pagar energía de más. En el 2020, La Corporación Academia Tecnológica de Colombia - ATEC estará acreditada institucionalmente, estableciendo hoy como punto de partida, la dinámica interna del mejoramiento de la calidad y las metas de desarrollo institucional, promoviendo en el corto plazo la autoevaluación institucional y la evaluación del Consejo Nacional de Acreditación, con el propósito de llegar a ser reconocida por la calidad de sus programas y por los aportes al desarrollo tecnológico local y nacional.



Outra volta volven os exemplos para probar a falacia educativa da igualdade, para deixar ben claro que a falta de esixencias académicas leva ao desprestixio da escola pública e dos títulos por ela expedidos, tamén os de Kant, Copérnico e tantos outros como testemuños de que é falso que os fillos de pais analfabetos sexan peores estudantes ─Non fai falta ser un xenio nin estar rodeado de libros para facer un bo bacharelato”(p.

Os absurdos desta falacia son de tal calibre que poderiamos, agora que baloncesto está tan de moda entre os escolares, exemplificalos así: dar unha lei que prohiba xogar a este deporte aos máis altos para que os máis baixos non se sintan discriminados ─a misión dun conservatorio, por exemplo, non consiste en impedir que sobresaia que ten mellores aptitudes para música”(p.

La introducción a su primer libro, El drama del niño dotado publicado en 1979, contiene un famoso párrafo que resume la perspectiva de Miller: La experiencia nos enseña que, en la lucha contra las enfermedades psíquicas, únicamente disponemos, a la larga, de una sola arma: encontrar emocionalmente la verdad de la historia única y singular de nuestra infancia”.

Si pudiéramos ser testigos del indescriptible aburrimiento que invade el alma infantil cuando se pasan una tras otra las fatigosas horas ocupándose en cosas que no causan ningún aliciente en los niños ni puede parecerle de alguna utilidad, y si quisiéramos acordarnos de esos mismos hechos que nos ocurrieron en nuestra propia infancia, no nos extrañaríamos ya más de la pereza escolar que se arrastra hacia la escuela como una babosa”.

Sé que esta es una dualidad extrema y que todos, de uno u otro modo, combinamos nuestra experiencia docente práctica” con nuestros estudios pedagógicos teóricos”, pero intento extremar el enfoque para destacar este a veces agrio debate surgido entre pedagógicos” y antipedagógicos” siguiendo la línea trazada por Ricardo en el titular elegido para su panfleto, provocador e inteligente a la vez.

La exposición clásica de los pedagógicos” contrasta con sus innovadoras propuestas, es decir, utilizando una didáctica básicamente expositiva y magistral cuando se entregan a la formación de docentes apelan a innovaciones didácticas que raramente afrontan personalmente en su propio medio, clases de secundaria obligatoria primaria con grupos de 25 alumnos/as… más.

Esto sí sería atención a la diversidad; esto sí sería dar oportunidades a todos; a los que quieren estudiar y a los que no quieren, a los que tienen más capacidad y a los que no tienen tanta; esto reduciría el tiempo y el esfuerzo que se ha de dedicar a expulsar y hacer expedientes disciplinarios a unos alumnos que, con su actitud, nos comunican cada día y a todas horas, que no quieren estar enjaulados en las aulas hasta los dieciséis años, y que no les interesa lo que les explicamos.

Es desde actuaciones profesionales de este tipo desde pueden proceder consideraciones pedagógicas como las aquí citadas, citadas de forma plana, sin matizar, sin vinculación directa a los problemas que tratamos referidos a la obligatoriedad académica hasta los dieciséis años, su ubicación en nuestra estructura educativa institucional, su tratamiento académico y su enfoque pedagógico en los casos declarados de especial dificultad.

No sólo manifiesta un cinismo desolador -quién se va a creer, si lo piensa un poco, que el mejor modo de reprimir una conducta es pagar más por ella para que alguien se beneficie cada vez que se lleva a cabo-, sino que corre el riesgo de no ser eficaz, e incluso, de que se vuelva contraproducente pues lleva al descrédito social de la propia medida y de la institución que la promueve.

Da la impresión de que la pedagogía de los pedagogos que está en la base y ha servido de justificación teórica a la reforma educativa, partía de un modelo de escuela que, muy bien podía ser la escuela que ellos sufrieron en sus carnes, pero que de ninguna manera, a no ser de un modo muy residual, existía en el momento en que se diseñó y se comenzó a poner en práctica el nuevo sistema educativo.

Por consiguiente, esta falsa e injusta idea de igualdad que lleva a no respetar ni a promover la diferencia ni la excelencia, que confunde la igualdad de oportunidades con la permanencia de los alumnos en la escuela de equis años que les capacite para recibir un título, sepan lo que sepan y se hayan esforzado lo que se hayan esforzado, puede llevar también al efecto contrario.

Muchas de las estrategias y métodos propuestos -adaptaciones curriculares, tratamiento de la diversidad, autoconstrucción de los contenidos por parte del propio alumno, aprender jugando y divirtiéndose, trabajo por rincones, etc.- se vienen abajo cuando se transportan a la enseñanza secundaria, en donde el profesorado imparte a lo sumo dos tres horas semanales a un mismo grupo, pero que además tiene que dar clase y atender las necesidades de ciento ochenta alumnos más.

Es muy frecuente oír entre el profesorado el lamento desconsolado de que nos han cambiado nuestra profesión”, que de especialistas en enseñar una materia determinada, se les ha transformado en guarderos de niños”, que es lo que parecen exigir la Administración que ordena y, aparentemente, aquellos padres que entregan en custodia a sus hijos durante seis horas diarias para que se les eduque, por lo menos para que estén allí recluidos en la escuela mientras van creciendo.

Pero, señores enseñantes de despacho: que no se trata de adaptar la enseñanza a la burocracia, que es al revés, que la escuela tiene como meta primera enseñar y formar buenos ciudadanos y no organizarse bien para funcionar bien desde el punto de vista de la eficacia instrumental y de la apariencia política; que la administración es siempre un medio, en este caso, al servicio de la educación, y no un fin en sí misma.